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Libro:

^LAS CARTAS DE ALASKA ^

jueves, 26 de enero de 2012

Capítulo 4: Yainiko, amiga

La primera noche que pude dormir sin   miedo fué la segunda, ya que en la primera no me había acostumbrado.
La señora era amable, me alimentaba como si fuera su hija cosa que mi madre poco hacía.
Estaba contenta, conocí a mi mejor amiga Yainiko.Era mas alta que yo, era simpática, vestía siempre con pantalones y jerseys y bastantes veces iva a pescar con su madre.
La conocí en la calle, yo pasaba por su casa llevando un pequeño paraguas con dibujos de conejitos junto sus zanahorias, me acuerdo perfectamente que era la única persona que había por la acera llena de nieve sucia y gris,un poco blandurria. Ella salió para el colegio y me saludó, ya que le estaba mirando, no se por qué me llamaba la atención, entonces me saludó con una sonrrisa que podía cegar a alguien con esos dientes blanquísimos. Entonces hablamos y la acompañé al colegio.
Después quedé con ella y tomamos un batido caliente de fresa, chocolate y cubitos de plátano.
Pués hoy me pongo a escribir en el diario:
Q uerido diario !!!                                                   26-3-12
El otro día me acogió una señora en su casa,en el pueblo Yuca ya que no se volver a mi pueblo Tenken y me da miedo llamar a mi madre.No se que hacer, la señora Roxane me da de todo ya que no la conozco.
NO SE QUE HACER !!!!!!!!!!
                                                                                          Marta
En casa me aburría, sola, viendo la tele, leyendo libros de la Segunda Guerra Mundial, al fin y al cabo le dije a Roxane si me podía apuntar al colegio y bueno dijo que le parecia una buenisima idea.
-Hoy es mi primer dia de escuela -dije nerviosa-
-Marta, si quieres te acerco al colegio-dijo Roxane sonriendo-
-No, pero voy con Yainiko, mi amiga.
-Vale, te espero para la comida
-Adiós Roxane !!!
Fuí a casa de Yainiko, la esperé, tardaba mucho, estaba a punto de irme, mientras salió una chica con un vestido pasado de moda pero precioso, una medias negras y unas bota de pelo, junto con una bufanda cara de Japón.
Cuando salió no sabia que era Yainiko. Cogió un paraguas verde fluorescente que llamaba mucho la atención ya que toda la calle era grisácea con nieve sucia.
Caminando, llendo para el colegio, vimos una pastelería nos paramos cinco minutos, embobadas y empañando los cristales mirando un glamuroso pastel de tres torres de chocolate.

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